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martes, 3 de julio de 2018

la vida inútil de Pito Pérez

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PITO PEREZ

Les invito a leer: la vida inútil de Pito Pérez
La vida inútil de Pito Pérez
Fragmentos:
     ¡Qué quiere usted que haga! Soy un pito inquieto que no encontrará jamás acomodo.
… Cada detalle me lo demuestra: en las tiendas ya no quieren fiarme; los amigos no me invitan a sus reuniones, y el Presidente Municipal me trata como si fuera el peor de los criminales. ¿Por qué cree usted que me dobló la condena que acabo de cumplir? Pues porque le hice una inocente reflexión, a la hora de la consigna. Él dijo su sentencia salomónica: para Pito Pérez, por escandaloso y borracho, diez pesos de multa, o treinta días de prisión, a lo que yo contesté con toda urbanidad: pero, señor Presidente, ¿qué va usted a hacer con el Pito adentro tantos días? El señor Presidente me disparó toda la artillería de su autoridad, condenándome a limpiar el retrete de los presos durante tres noches consecutivas. ¿No ha observado usted que la profesión de déspota es más fácil que la de médico o la de abogado? Primer año: ciclo de promesas, sonrisas y cortesía para los electores; segundo año: liquidación de viejas amistades para evitar que con su presencia recuerden el pasado, y creación de un Supremo Consejo de Lambiscones; tercer año: curso completo de egolatría y megalomanía; cuarto y último año: preponderancia de la opinión personal y arbitrariedades a toda orquesta. A los cuatro años el título comienza a hacerse odioso, sin que universidad alguna ose revalidarlo.
… — ¿Por qué dijo usted que nuestra conversación sería el diálogo entre un poeta y un loco? —Porque usted presume de poeta y a mí me tienen por loco de remate en el pueblo.
… Hay que gastar de lo que el país produce: hombres morenos, como Juárez, para que nos gobiernen; y para beber, tequila, charanda o aguardiente de Puruarán, hijo de caña de azúcar, que es tan noble como la uva. Le aseguro que si en la misa se consagrara con aguardiente de caña, los curas serían más humildes y más dulces con su rebaño.
Dediqué mis largos ocios a labrar con navaja un pito de carrizo, al que, a fuerza de paciencia y de saliva, logré arrancarle primero unas notas destempladas, y después de muchos trabajos, las canciones en boga por aquellos rumbos. Se desesperaban los vecinos escuchando mis largos conciertos de trémolos, arpegios, fermatas y trinos; tenías pito para levantarse, pito para comer y pito para la hora de acostarse, a tal extremo, que protestaban y gritaban pidiendo misericordia: —¡Doña Herlinda, silencie ese pito! —¡Que se calle ese pito! Y Pito me pusieron de apodo, sin que me hayan lastimado con el sobrenombre.
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