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miércoles, 15 de noviembre de 2017

LAS FÀBULAS

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LAS FÀBULAS
Desde Wikipedia se defina a la fábula como una composición literaria breve, generalmente en prosa o en verso, en la que los personajes principales son animales o cosas inanimadas que presentan características humanas.
·         La fábula tiene "una intención didáctica de carácter ético y universal"1​ que siempre aparece en la parte final de esta misma, proporciona una enseñanza o aprendizaje, que puede ser útil o moral y es conocida generalmente como moraleja.
·         En el Diccionario de uso del español de María Moliner2​ de Helena Beristáin se indica que “se trata de un género didáctico mediante el cual suele hacerse crítica de las costumbres y de los vicios locales o nacionales, pero también de las características universales de la naturaleza humana en general”.
El hecho es que para el docente son herramientas de aprendizaje y elementos que ayudan al mismo al logro de las habilidades de razonamiento entre los alumnos. En este caso trataremos algunas que aparecen en los libros de educación primaria como la del lobo y el perro; la rana que quiso ser como el buey;(no precisamente las vamos a tratar ; ya que estas las podemos encontrar en los libros de texto de educación primaria; pero si ofreceremos como ejemplo otras, que les ayudaran a aumentar sus acervos culturales.
Como género literario, posee un carácter mixto narrativo y didáctico, además debe contener estas propiedades:
·         Género: Literario, subgénero narrativo.
·         Elementos de la narración: Generalmente en las fábulas existe un narrador que relata los hechos acontecidos en tercera persona, así como en un orden cronológico. Además, relata lo que les sucede a los personajes principales en un tiempo y lugar indeterminados.
·         Estructura: Las fábulas, suelen estar escritas en prosa o en verso además de que suelen ser historias breves y didácticas. La mayoría de estas comienzan con la presentación de una situación inicial en la cual, generalmente se plantea una problemática moral que puede tener solución o no. Finalmente, ésta termina con una enseñanza o moraleja que puede ser útil para el lector.
·         Los personajes: En su mayoría, los personajes suelen ser animales u objetos inanimados a los que se les dota con características humanas; tales por ejemplo la codicia, avaricia y envidia. Estos suelen estar envueltos en situaciones problemáticas que deberán resolver.
·         Temas: Generalmente los temas que se abordan en las fábulas son vicios humanos como la arrogancia, la mentira, etcétera; ya que detrás de cada una de éstas se muestra una intención de criticar los comportamientos y actitudes que se van desarrollando dentro de la historia.
·         Su exposición de vicios y virtudes es maliciosa, irónica.
La fábula clásica reposa sobre una doble estructura; desde el título mismo se encuentra una oposición entre dos personajes de posiciones subjetivas encontradas. Pero estos dos personajes se encuentran siempre en desigualdad social: uno en posición alta y otro en posición baja y desfavorable. Gracias a un evento narrativo imprevisto o survenant, el que estaba en posición alta se encuentra en posición inferior y viceversa. Este esquema es denominado por Christian Vandendorpe como "doble reenvío" en Apprendre à lire des fables, Montréal, 1989 y se encuentra en decenas de ellas, sobre todo en las populares, y permite fijar la comprensión y vehicular una moralidad clara. Como dice Hegel, "La fábula es como un enigma que será siempre acompañado por su solución" (Estética, II) Incluso si la fábula no tiene ya popularidad, el esquema que la forma se reencuentra en el hecho diverso (Christian Vandendorpe, De la fable au fait divers) y en la leyenda urbana (Jean-Bruno Renard, Rumeurs et légendes urbaines, París: Coll. Que sais-je?, 3445). Estas situaciones son imprescindibles en una fábula, pues sin importar el autor, el contexto social o político, éstas son las que la identifican y marcan un límite entre ella y otros géneros similares con los que podría confundirse por la forma alegórica que contienen.
EL MAESTRO Y EL NIÑO

En esta fábula intento demostrar la presunción vana de un necio: Cuando estaba jugando a las orillas del Sena, un niño cayó al agua, más por gracia divina se hallaba allí un sauce con cuyas ramas se salvó el pequeño. Pasó por allí un maestro de poco entendimiento, y el infante gritó: 

-- ¡Auxilio que me ahogo!

Ante dichos gritos, el maestro se volvió, e imprudentemente y fuera de situación, empezó a sermonear al infante:

-- ¡Mira qué travieso, a dónde le ha llevado su locura!

¡Gasta tus horas cuidando esta clase de prole!

¡Desdichados padres, pobre de ellos velando a todo momento por esta turba inmanejable! ¡Cuánto deben padecer, y cómo lamento su destino!

Después de tanto hablar, saco al niño de las aguas.

Censuro aquí a muchos más de lo que se imaginan. Habladores y criticones y pedantes pueden reflejarse en el escrito anterior; cada uno de ellos forma un pueblo numeroso; sin duda el Creador bendijo esa prolífica casta.
¡No hay tema sobre el que no piensen ejercer su habladuría! ¡Siempre tienen una crítica que hacer! ¡Pero amigo, líbrame del apuro primero, y después suelta tu lengua! 

Antes de señalar los errores del prójimo, mejor primero ayúdalos a mejorar su situación

LA MOCHILA

Cuentan que Júpiter, antiguo dios de los romanos, convocó un día a todos los animales de la tierra.
Cuando se presentaron les preguntó, uno por uno, si creían tener algún defecto. De ser así, él prometía mejorarlos hasta dejarlos satisfechos.

-¿Qué dices tú, la mona? -preguntó.

-¿Me habla a mí? -saltó la mona-. ¿Yo, defectos? Me miré en el espejo y me vi espléndida. En cambio el oso, ¿se fijó? ¡No tiene cintura!

-Que hable el oso -pidió Júpiter.

-Aquí estoy -dijo el oso- con este cuerpo perfecto que me dio la naturaleza. ¡Suerte no ser una mole como el elefante!
-Que se presente el elefante...

-Francamente, señor -dijo aquél-, no tengo de qué quejarme, aunque no todos puedan decir lo mismo. Ahí lo tiene al avestruz, con esas orejitas ridículas...

-Que pase el avestruz.

-Por mí no se moleste -dijo el ave-. ¡Soy tan proporcionado! En cambio la jirafa, con ese cuello...

Júpiter hizo pasar a la jirafa quien, a su vez, dijo que los dioses habían sido generosos con ella.

-Gracias a mi altura veo los paisajes de la tierra y el cielo, no como la tortuga que sólo ve los cascotes.

La tortuga, por su parte, dijo tener un físico excepcional.

-Mi caparazón es un refugio ideal. Cuando pienso en la víbora, que tiene que vivir a la intemperie...

-Que pase la víbora -dijo Júpiter algo fatigado.

Llegó arrastrándose y habló con lengua viperina:

-Por suerte soy lisita, no como el sapo que está lleno de verrugas.
-¡Basta! -exclamó Júpiter-. Sólo falta que un animal ciego como el topo critique los ojos del águila.

-Precisamente -empezó el topo-, quería decir dos palabras: el águila tiene buena vista pero, ¿no es horrible su cogote pelado?
-¡Esto es el colmo! -dijo Júpiter, dando por terminada la reunión-. Todos se creen perfectos y piensan que los que deben cambiar son los otros.

Suele ocurrir.Ç

Sólo tenemos ojos para los defectos ajenos y llevamos los propios bien ocultos, en una mochila, a la espalda.
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