calidad de los articulos

viernes, 5 de junio de 2009

FLEXIBILIDAD DE PENSAMIENTO Y TOLERANCIA

video





FLEXIBILIDAD DE PENSAMIENTO Y TOLERANCIA




Como ejemplo de flexibilidad de pensamiento y tolerancia en el en el acto educativo en cuanto a la formación cívica y ética; el principio en el que se establece puntualiza que los actos valen según la intención con la que se les realice y que esta intención se espera que se convierta en hábitos y costumbres; en actos de acción personal recompensables, por lo que la vida de cualquier ciudadano puede transformarse en su totalidad en una acción constante. Así pues, las necesidades de dormir, comer o trabajar por ejemplo, pueden volverse actos de construcción de pensamientos flexibles o de tolerancia, si se las realiza con el fin de compartir, apoyar acompañar y “estar con el otro”. Incluso las relaciones sexuales entre los esposos pueden dejar de ser solamente la satisfacción de los deseos sexuales y volverse un acto de formación personal.








  • Como ya se ha sobre entendido el desarrollo de la flexibilidad y la fluidez del pensamiento no ha sido objeto de estudio prioritario y sistemático.



Dado este dato, veremos que de hecho se impone la realización de investigación docente en la que los resultados de la Psicología sean transportados a el desarrollo de “situaciones Didácticas”, al hablar de flexibilidad del pensamiento se va desarrollado una definición de la flexibilidad del pensamiento que permite el control de su desarrollo dentro de la clase








Así la flexibilidad del pensamiento: Se manifiesta en la cantidad de recursos que el sujeto es capaz de emplear en las situaciones que enfrenta, en su posibilidad de generar diferentes alternativas de solución a los problemas, diferentes modos de contemplar un fenómeno, en la posibilidad de modificar el rumbo de su actividad intelectual cuando la situación lo requiere. También se expresa en la cantidad de ideas y de operaciones inusuales, no comunes que el sujeto puede ofrecer ante un hecho, situación o problema, por la posibilidad de elaborar situaciones, estrategias y productos novedosos” (Córdoba, Ll., 1992).










De manera general todos los autores que se pueden considerar para tratar el tema y todos los conceptos que se puedan integrar para tratar esta temática, coinciden en indicar, como manifestación”esencial de esta particularidad del pensamiento”, el cambio. En los conceptos se dan diferencias con respeto a lo que asumen que se debe cambiar, mas, puede decirse que unos aspectos están incluidos en los otros. Es significativo como en algunos de los casos (Labarrere, A., 1996; Brito, F., et al., 1987), entre otros hacen referencia a la necesidad de cambiar la vía cuando los resultados resultan inadecuados. El hecho de que el cambio se provoque por un resultado inadecuado está determinado “porque se asume al proceso de solución de problemas como el único momento de manifestación de esta particularidad”. Esta posición, como tendencia, centra la atención en el resultado de la actividad más que en el proceso, lo que a nuestro entender puede resultar negativo.









Por tanto debe quedar muy en claro que la manifestación de la flexibilidad del pensamiento debe darse en tres etapas o momentos,:



1) En la planeación de la solución del “problema”,



2) en el proceso de solución del mismo y por último,



3)en el análisis del resultado obtenido.




En todos estos momentos se da la posibilidad de que el sujeto, alterando el curso de su pensamiento, incorpore el análisis de otras alternativas posibles, aún, cuando la que haya tomado resulte efectiva. Este es otro aspecto que las definiciones analizadas no atienden suficientemente (Zaldívar, M., 1998).





Es necesario establecer un comparativo de flexibilidad con su antítesis que es la rigidez del pensamiento, “ateniéndose a los principios del materialismo dialéctico”, es necesario tener en cuenta su cualidad contraria. Así se considera que la palabra rigidez proviene de la palabra latina rígidus que significa yerto, entumecido, estancado. Entender a la rigidez del pensamiento como una forma fijada de conducta que se expresa en la repetición persistente y espontánea, o continuación, de determinado acto de conducta.





Lo más significativo de este modo de pensar es que la definición de rigidez está en reconocer que esta sólo podrá considerarse como una cualidad del pensamiento cuando se ofrezca resistencia a un cambio que se hace necesario objetiva o subjetivamente. O sea, “ser rígido no es mantener posturas estables frente a situaciones que lo ameriten”, sino, mantenerlas cuando lo que se impone o desea es la variación, el cambio.




Lo mismo debe aplicarse al concepto de flexibilidad. Ya que ser flexible “no es cambiar por cambiar el camino, el método, la vía, la forma de actuar, etcétera, cuando no es conveniente por condición externa, sino, hacerlo cuando resulta necesario o cuando resulta del proceso de desarrollo consciente” ; nivel que se alcanza cuando el aprendiz determina explorar todas las vías posibles porque resulta productivo para su desarrollo personal. Bajo estas condiciones ser flexible pasa de vía para alcanzar un resultado a objetivo final de la actuación, o sea, el alumno se propone no resolver la tarea, sino, hacerlo de múltiples maneras, metacognitivamente hablando, se propone ser flexible (Zaldívar, M., y Pérez, F., 1997).

Revista Iberoamericana de Educación (ISSN: 1681-5653)

Coonnttaaccttaarr
Reevviissttaa Ibbeerrooaameerriiccaannaa ddee Edduuccaacciióónn


http://www.rieoei.org/deloslectores/967Zaldivar.pdf


Tolerancia




Al tratar el término tolerancia se hace referencia a varios artículos de Wikipedia, Enciclomedia, de formación cívica y ética y de física: Es el respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias. Es la actitud que una persona tiene respecto a aquello que es diferente de sus valores. También es la capacidad de escuchar y aceptar a los demás, comprendiendo el valor de las distintas formas de entender la vida.








El ejercicio de la tolerancia desde tiempos históricos se ha considerado siempre como una manifestación muy difícil de prudencia en el arte de gobernar. Marco Aurelio reconoce que recibió de su antecesor, el emperador Antonino Pío, la experiencia para distinguir cuándo hay necesidad de apretar y cuándo de aflojar



.




¿Cuándo se debe tolerar algo?





La respuesta genérica es: siempre que, de no hacerlo, se estime que ha de ser peor el remedio que la enfermedad. Se debe permitir un mal cuando se piense que impedirlo provocará un mal mayor o impedirá un bien superior



.



La tolerancia se aplica a la luz de la jerarquía de bienes.



Ya en la Edad Media se sabia que «es propio del sabio legislador permitir las transgresiones menores para evitar las mayores»(principe de Maquiavelo). Pero la aplicación de este criterio no es nada fácil. Hay dos evidencias claras: que hay que ejercer la tolerancia, y que no todo puede tolerarse. Compaginar ambas evidencias es un arduo problema.





¿Deben tolerarse la producción y el tráfico de drogas, la producción y el tráfico de armas, la producción y el tráfico de productos radiactivos? ¿Es intolerante el Gobierno alemán cuando prohíbe actos públicos de grupos neonazis? ¿Y el Gobierno francés cuando clausura dos periódicos musulmanes ligados al terrorismo argelino? ¿Son intolerantes las legislaciones que prohíben el aborto?.




Todos los análisis realizados con ocasión del Año Internacional de la Tolerancia aprecian la dificultad de precisar su núcleo esencial: los límites entre lo tolerable y lo intolerable. John Locke, en su Carta sobre la tolerancia, asegura que «el magistrado no debe tolerar ningún dogma adverso y contrario a la sociedad humana o a las buenas costumbres necesarias para conservar la sociedad civil». Un límite tan expreso como impreciso, pero quizá el único posible. Hoy lo traducimos por el respeto escrupuloso a los Derechos Humanos, pomposo nombre para un cajón de sastre donde también caben, si nos empeñamos, interpretaciones dispares.




Ya Platón consideraba la corrupción del gobernante como lo más desesperanzador que puede lamentarse en una sociedad. La violación de la justicia por el máximo responsable de protegerla no es una sorpresa para nadie, y sólo cabe evitarla si el gobernante es capaz de encarnar el consejo de Caro Baroja: «mientras no haya una conducta moral individual estrictamente limpia, todo lo demás son mandangas».




La segunda acepción de tolerancia es «respeto a la diversidad». Se trata de una actitud de consideración hacia la diferencia, de una disposición a admitir en los demás una manera de ser y de obrar distinta de la propia, de la aceptación del pluralismo. Ya no es permitir un mal sino aceptar puntos de vista diferentes y legítimos, ceder en un conflicto de intereses justos. Y como los conflictos y las violencias son la actualidad diaria, la tolerancia es un valor que necesaria y urgentemente hay que promover.




Ese respeto a la diferencia tiene un matiz pasivo y otro activo. A)La tolerancia pasiva equivaldría al «vive y deja vivir», y también a cierta indiferencia. En cambio, B)la tolerancia activa viene a significar solidaridad, una actitud positiva que se llamó desde antiguo benevolencia.

Voltaire, al finalizar su Tratado sobre la tolerancia, eleva una oración en la que pide a Dios que nos ayudemos unos a otros a soportar la carga de una existencia penosa y pasajera; que las pequeñas diversidades entre los vestidos que cubren nuestros débiles cuerpos, entre todas nuestras insuficientes lenguas, entre todos nuestros ridículos usos, entre todas nuestras imperfectas leyes, entre todas nuestras insensatas opiniones, no sean motivo de odio y de persecución


En estos años de fervor tolerante apreciamos en la tolerancia tres patologías.




1.- Primera patología: el abuso de la palabra. Dicen los pedagogos que el grado de eficacia de un consejo paterno está en relación inversa al número de veces que se repite. La tolerancia también puede aburrir por saturación, devaluarse por tanta repetición y manoseo. La sensibilidad humana crece salvaje si no se cultiva, pero también puede estragarse por sobredosis. Además, en la tolerancia se cumple el refrán «del dicho al hecho hay un trecho». Es decir, si sólo hay declaración de buenas intenciones, sólo habrá palabrería ineficaz.
2.- Segunda patología: la intolerancia enmascarada. Debajo de muchas exhibiciones de tolerancia se esconde la paradoja del «dime de qué presumes y te diré de qué careces». Voltaire se pasó media vida escribiendo sobre la tolerancia y avivando los odios contra judíos y cristianos. Se veía a sí mismo como patriarca de la tolerancia, pero su amigo, Diderot lo retrató como el Anticristo, y media Europa le rechazó por no ver en él más que el genio del odio. En una de sus perlas más conocidas asegura que si «Jesucristo necesitó doce apóstoles para propagar el Cristianismo, yo voy a demostrar que basta uno solo para destruirlo».
Por último, en el deslizamiento de la tolerancia hacia el
3.- Permisivismo encontramos la tercera patología. Las consecuencias de este falseamiento son más graves en el ámbito de la educación escolar. Cuando en una tragedia de Eurípides se dijo que en materia de virtud lo mejor era mirar todo con indulgencia, Sócrates se puso en pie, interrumpió a los actores y dijo que le parecía ridículo consentir que se corrompiera así la educación.
http://www.ecojoven.com/uno/02/tolerancia3.html

Publicar un comentario en la entrada