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sábado, 9 de mayo de 2009

APRENDER CON VIRUS

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Aprender con virus
David Calderón


Miércoles, 6 de mayo de 2009

Aportación de: Aviana avilez martínez (aviana_7@hotmail.com)

Hola les envío esta publicacción de David Calderón en su sección de El Financiero


En términos generales, la emergencia ya pasó. La propagación del virus de la influenza A (H1N1) se ha detenido, y la pandemia como tal -entendida, con toda propiedad, como una epidemia con posibilidad de alcanzar a toda la población-, está descartada.Se descubrió -tardíamente, por la falta de un sistema sólido de vigilancia epidemiológica en el país- la incidencia de una influenza atípica de una severidad preocupante. Los médicos que sí estuvieron ante pacientes afectados de gravedad se azoraron ante el daño masivo a los pulmones, pues mientras una afección bacteriana deja todavía identificable la trama de los tejidos, este padecimiento produce en las horas finales unos boquetes en los que ya no se distingue la estructura original. El manejo, en términos de salud pública, fue tajante y de inusitada rigidez: desarticulación de las concentraciones, confinamiento global, aislamiento inmediato y sin flexibilidad para el contacto. El sueño del epidemiólogo y la pesadilla del psicólogo social se conjuntaron: el intercambio social espontáneo y cotidiano se detuvo de golpe en un área metropolitana de más de 20 millones de personas, y se suspendieron clases y actividades organizadas en todo el país. La población reaccionó con dosis parejas de resignación y buen ánimo, aguantando el golpe a los bolsillos y haciendo piruetas para reorganizar la rutina con niños y jóvenes en casa. El puentazo del 1 al 5 de mayo cayó como del cielo. Cuando se contó con evidencia sólida, los casos documentados fueron pocos y los dudosos no muy extendidos. El regreso "gradual y escalonado" a la normalidad comienza desde hoy, miércoles 6 de mayo.¿Qué aprendemos? Del virus mismo se aprende poco, en el sentido que la investigación biomédica da claves, pero no extiende seguros de vida. De nuestra convivencia con el virus, en cambio, se sacan valiosas lecciones.

La primera es descartar el pánico, y focalizar el cuidado. El cubrebocas y los antibacterianos no resultan mejores que sus alternativas juiciosas y de bajo costo: cubrirse adecuadamente al estornudar y lavarse las manos con jabón común. Con o sin virus en el horizonte, la prevención y la higiene están en nuestra mano. El contacto humano que hay que dosificar es el de las aglomeraciones, no el de la vida cotidiana. Salvo que alguien esté o haya estado enfermo de vías respiratorias, los besos, abrazos y cercanía son bienvenidos.

Un segundo aprendizaje pasa por un fuerte examen de conciencia sobre el sistema de salud que tenemos: se reacciona con excesivo vigor en la emergencia y con culpable indolencia ante lo cotidiano. Basta ver las clínicas de Salubridad, IMSS o ISSSTE. Suena horrible, pero ya que pasó el principal riesgo de muerte por enfermedad aguda, no caigamos en la complacencia ante los cientos de muertes diarias por enfermedades crónicas. ¿Nos quedaremos con el suspiro de alivio, o será un acicate para mejorar la atención primaria a la salud? No consuela tener un puñado selecto de epidemiólogos y expertos en genómica, ante la consideración de que los hombres y mujeres del primer contacto, las enfermeras y médicos familiares, están en las clínicas sobrecargados, no certificados y sujetos al disgusto constante de sus pacientes, que desesperan por la tardanza, burocratismo e improvisación ante sus males.

Más aún: aprendamos de la experiencia y propongámonos una vacunación extensa y oportuna para la influenza; la vacuna sí protege ante cualquier cepa, pues la cercanía genómica hace que su efecto sea genérico; saber cuidar las gripas es una gran inversión, no compras brutales de batas y cubrebocas.Una tercera veta educativa: platiquemos con los niños para evitar miedos infundados. El lenguaje es poderoso, y en esta contingencia la comunicación de las autoridades fue seca y sermoneadora. "Nos ataca el virus" es impreciso y desorientador. Papás y maestros tenemos que desempolvar nuestros conocimientos de biología y aclarar a los más jóvenes que los virus no son "animalitos", mucho menos depredadores que nos invadan; no son ellos los que nos enferman, sino nuestra reacción inmune.

Los virus son material genético que anda suelto siempre, "basura espacial" que a veces nos produce un mal funcionamiento en alguno de nuestros sistemas.

En vez de reaccionar como campesinos medievales, pasivos ante una acechanza invisible y catastrófica, infundámosle a nuestros hijos y alumnos el buen sentido común: limpios, bien comidos y ejercitados, estamos en las mejores condiciones de no ser afectados.

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