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viernes, 9 de enero de 2009

LOS PAJARITOS DE LA JAULA

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Sustraído del periódico la jornada
Los pajaritos de la jaula


Entre las anécdotas favoritas de Mario Monteforte Toledo estaba la de un embajador estadunidense en Guatemala que, al despedirse del país, redujo a una sola frase lo que aprendió a lo largo de su estancia: " Mi gustar mucho de la jaula, pero no de los pajaritos".
el problema si se lo ve con cuidado encuentra ahí descripción bien plena. Vender una jaula es fácil . la dificultad esta en venderla con pajaritos, y todo , y más si el comprador los detesta.
La situación nos es nueva. Hace cosa de siglo y medio, al fin de lo que ha dado por llamarse la guerra de 1847 los ahora posibles compradores eran ya dueños de toda la jaula, pero decidieron conformarse solo con la mitad del norte por temor precisamente a los pajaritos.
El caso llego hasta el congreso un tal McGaudhey senador por indiana advirtió el 7 de enero de 1847 donde estaba la dificultad: "si determinamos anexarnos todo el territorio mexicano, por supuesto debemos tomar a los habitantes mexicanos junto con su tierra.
¿Qué hacemos con ellos?, ¿Cómo los controlaremos? han demostrado por sus revoluciones que son incapaces de gobernarse a si mismos y, por tanto de ser admitidos al privilegio de la ciudadanía.(...) no podemos esperar que gente que a través de largos años se ha rehusado a obedecer sus propias leyes, se someterá tranquilamente a las nuestras. tomemos esta geste semibarbara bajo nuestra jurisdicción y miles de males innecesarios serán la consecuencia, males para los que no encontraremos remedio".
McGaudhey no estaba solo y, en tonos más o menos airados, algunos otros de sus compañeros repitieron que el problema estaba en los pajaritos que -- al decir de uno de ellos, John Bell, de Tennessee-- "eran una raza apenas superior a la africana"
Aunque no se lo externe ya con tal franqueza, el juicio no ha cambiado gran cosa. lo que si ha cambiado, quizá por eso de que "no sabemos gobernarnos", son las circunstancias y uno de los pasos obligados de la modernidad es rematar la jaula a toda costa obviamente con sus respectivos pajaritos.
Venderla requiere de arriesgadas técnicas de márquetin y, la más eficaz, es mostrar que los pajaritos no son tan bárbaros como parecen y, aunque hablen español, son capaces de aprender nuevas costumbres y olvidar antiguas tradiciones. Pueden ya vestirse de smoking -- cosa que no habían hecho oficialmente y codearse con lo más granado de la cultura neoyorkina.
¿Quién va a creer, después de exhibir 30 siglos de esplendor en una muestra que es más feria de ventas que logro artístico, que no somos capaces de obedecer leyes ajenas? Los pajaritos no deben asustarlo míster: ahí los tiene, dóciles volando en recuerdo de papantla frente al World Trade Center . Mírelos como pintan, cómo escriben. Compre la jaula, ándele, si ya están amaestrados y hasta comen en la mano.
La técnica, por supuesto, no presenta novedad alguna. El afán por alcanzar la modernidad nos viene de lejos: "la dignidad del país no padece por las propiedades otorgadas a extranjeros, puesto que conserva la posibilidad de legislar, administrar y gobernar"-- decía el imparcial en su editorial del 16 de febrero de 1906.
La idea que se afirmaba entonces, era netamente porfirista
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