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miércoles, 1 de abril de 2009

La base del ser competente y la definición de competencias

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La base del ser competente y la definición de competencias
Dra. Laura Frade Rubio


Calidad Educativa Consultores S. C.
Te envía este artículo con la intención de impulsar la reflexión sobre la práctica docente
Artículo correspondiente al mes de marzo 2009


Constantemente las personas se preguntan cómo sabemos que alguien es competente y en este contexto, cómo se define una competencia. Desde la perspectiva netamente constructivista, la definición emerge sobre el cómo se produce el saber, y la pregunta para diseñarla es: ¿qué debe saber el sujeto y cómo lo construye?, o bien que sabe hacer el sujeto en términos cognitivos, como usa el pensamiento frente al saber. Ante lo cual la respuesta no sólo es un asunto en el que se determina el tema a tratar, sino también la habilidad de pensamiento que lo genera, el procedimiento y la actitud que tendrá frente al mismo. Es decir lo conceptual, procedimental y actitudinal.
No obstante, la definición de una competencia, desde una perspectiva adaptativa, cognitiva y conductual, centrada en el desempeño, que es mucho más integral, es algo más complejo, porque lo que se tiene que tomar en cuenta es la demanda que existe en el entorno frente a la cual un sujeto debe desplegar una respuesta compleja que satisface el problema o la necesidad que encuentra, pensando, sintiendo, valorando y actuando. Una competencia por tanto se define a partir de la naturaleza de la demanda que se enfrenta en el entorno.
Por ejemplo, antes de la aparición del SIDA, por los años 60 y 70`s, lo que una persona debía saber sobre su sexualidad estaba centrado en su ejercicio responsable sobre la procreación, en el hecho de tomar en cuenta su situación para ver si se podía embarazar o no. Esto porque la prevención de las enfermedades sexualmente transmisibles había pasado a segundo término con el descubrimiento de la penicilina, puesto que la sífilis y la gonorrea eran fácilmente tratables y curables con este tratamiento. Por otra parte poco se sabía del rol que jugaba el papiloma humano en la transmisión del cáncer cérvico-uterino.
Esto implicaba, que la persona competente era aquella que tomaba las decisiones correctas frente a un embarazo tomando en cuenta sus circunstancias como: su edad, condición económica, valores, religión, etc., y aunque el proceso educativo se centraba en el saber exclusivamente, se exigía por parte de la sociedad este nivel de respuesta. Hoy, el SIDA como enfermedad incurable, mortal y sexualmente transmisible, presenta una demanda mucho más compleja a los seres humanos, ya que no basta con prevenir un embarazo no deseado, esto, en la situación actual, tal vez sea lo de menos... En este contexto, la naturaleza la demanda impone una competencia distinta, la de articular la vinculación entre la sexualidad y el proyecto de vida, pero además entre la posibilidad de seguir con vida y no hacerlo. Por lo tanto, la competencia necesaria sería: Vincula se sexualidad a su proyecto vida analizando los riesgos, dificultades frente a las relaciones que establece, de manera que prevenga las enfermedades sexualmente transmisibles al mismo tiempo que garantiza un aparato afectivo saludable.
En este contexto, el ser competente se concretiza en una competencia que se va a definir llevando a cabo un análisis muy profundo sobre lo que necesitan saber hacer los estudiantes frente a las necesidades, problemas y retos que se presentan actualmente, pero también frente a lo que necesitará resolver en el futuro cercano y de largo plazo. Esto es difícil porque no hay certidumbre en lo que sucederá. Supongamos que se quiere actualizar el plan de estudios de la primaria 93, que tendríamos que enseñar: ¿El nombre de los planetas que ya cambiaron y a pesar de esto los libros siguen diciendo lo mismo? O la capacidad crítica para cuestionar: ¿por qué aumentan o reducen el número, qué aspectos tomaron en cuenta? ¿Existirán más? Si es así, ¿cuáles son? Desarrollar la capacidad para encontrar la información y ubicar su validez parece algo más viable, interesante y necesario en la era digital.
Por esto, definir cuáles son las competencias necesarias para los estudiantes del Siglo XXI es una tarea muy compleja, que requerirá de la participación de diferentes especialistas en todas las áreas, de profesionales que no sólo sean expertos en el tema o la asignatura, sino que además sean hasta cierto punto: futurólogos. Lo anterior, en el sentido de que puedan prever y anticipar, a partir del estado del arte actual en los avances científicos de un área de conocimiento, qué puede modificarse o cambiar en el corto, mediano y largo plazo dentro de la misma, para determinar que podría suceder. Esto, de acuerdo a la trayectoria y curso que han tomado los acontecimientos y la producción del conocimiento en su ámbito de desempeño.
Un análisis de la trayectoria partiría de establecer la problemática actual para identificar las tendencias futuras de manera que se determinen las prioridades, en el sentido de qué se debe incluir y qué no, porque no se puede enseñarlo todo, ni mucho menos pretender que así sea; puesto que dicen por ahí que la acumulación de conocimientos adquiridos es tal que en los últimos 50 años se ha producido más conocimiento que en los anteriores 5000 años de historia de la humanidad.

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Priorizar supone toda una discusión, porque la pregunta es: ¿qué es lo que debe saber hacer el estudiante, qué necesita aprender a salir airoso? El problema va más allá de la definición simple de los conocimientos, ya que también se involucra el desarrollo de habilidades de pensamiento que le permitirán construir más conocimiento a partir de los adquiridos, para trasladarlos en situaciones diversas de acuerdo a sus necesidades y las que plantea el mundo actual.

Lo anterior nos regresa al tema del uso del conocimiento abordado en el artículo anterior, porque aunque la persona tenga conocimientos y habilidades y sea capaz de ponerlos en acción en circunstancias diferentes, el problema es sí lo que sabe hacer resulta adecuado, idóneo a lo que el entorno le exige, es decir ético. Por estos tres últimos adjetivos estamos entendiendo el nivel de ajuste y conciliación entre ambos elementos: sujeto y demanda. Pero ¿qué define si lo que se sabe hacer se ajusta a la realidad? ¿Qué es lo que sí está bien hecho y qué no? ¿Quién define los criterios?

La sociedad es la que establece normas sociales que definen quién es exitoso o no, lo que no es sólo una categoría de valoración actual, sino ancestral que está dada por los valores culturales que se construyen en cada comunidad y época. Así en la antigua Esparta, el guerrero más valiente y audaz era preciado cómo exitoso, mientras que en la Edad Media lo era el Caballero o Señor Feudal. Obviamente que pueden existir diferentes posiciones sobre la conveniencia o no de que estas personas fueran consideradas exitosas en la sociedad de su tiempo, pero eso no está en discusión en este artículo, sino más bien quién es exitoso en la actualidad y por qué razón, y sí es necesario este criterio para definir una competencia.


Para empezar podemos decir que el ser exitoso es una característica de la persona competente, porque enfrenta los retos y dificultades, los supera, sale adelante y no se conforma, identifica lo que tiene que hacer y cómo hacerlo cuando lo necesita ante los diversos retos, trabajos, actividades y relaciones. No es un asunto de dinero, prestigio o poder, de ser más o de sentirse más que los demás, sino de lograr mejorar como persona continuamente, de aportar a la familia y la sociedad en la que vive, de ser corresponsable con los intereses y necesidades de la misma y de establecer acciones que satisfacen los múltiples requerimientos que se le presentan para avanzar. Esto es un asunto de actitud, pero también de las representaciones internas que el sujeto tiene de sí mismo: de lo que piensa que es o no es, de su nivel de autoestima, de confianza, de su convicción sobre su propia capacidad para resolver, pero además de los valores éticos que le imprime a los conocimientos, habilidades de pensamiento, destrezas y actitudes que plasma en lo que hace frente a sus problemas o necesidades.

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Pongamos como ejemplo, de que la base del ser competente es la adecuación entre lo que el sujeto realiza y la demanda que se presenta con valores éticos, un examen que me llegó hace poco, cuando alguien me preguntaba si estaba elaborado por competencias o no. Se supone que el docente le hacía preguntas a los estudiantes de una colonia popular e insegura de la Ciudad de México con las que se intentaba medirlas:

Pepe tiene 1.300 kilogramos de cocaína. Sí Pepe vende el kilo a Toño por $2500 dólares, y 2 gramos a Juan a $85 por gramo, ¿a cuánto podrá vender en la calle el resto de cocaína que le queda?

Guille puede vender un BMW robado en $2000 dólares, $1500 por un Corvette, y $1000 por un Lexus. Si roba 1 BMW, 2 Corvettes y 3 Lexus. ¿Cuántos Corvettes más necesita robar para tener los $11000 dólares que necesita para pagar su dosis diaria de heroína?

Si uno analiza los reactivos, éstos cuentan con varios indicadores de que cada uno evalúa una competencia, entre ellos que: son problemas reales, emergen del contexto que viven los estudiantes, y ponen en uso una serie de conocimientos con habilidades de pensamiento para satisfacer un conflicto que se presenta en el entorno; es decir se busca resolver algo de manera eficiente y efectiva; pero no éstos cumplen con el criterio de adecuación entre sujeto y demanda porque simplemente no cuentan con valores éticos, pero además, aunque resuelven una necesidad inmediata, generan y crean más problemas tanto para el individuo como para la sociedad: la posibilidad de ir a la cárcel, o bien morir en una guerra de narcos, y la adicción de sus posibles clientes. En suma, la base del ser competente es la adecuación que debe existir entre la demanda y lo que hace el sujeto como respuesta que estará determinada por factores que van más allá de conocer o producir el conocimiento, sino de las condiciones en las que se usa y cómo se usa, es decir de los valores éticos con los que el sujeto se desempeña, mismos que deben llevar a la resolución de problemas y no a generar más. Para definir las competencias, por tanto se debe tomar en cuenta tanto la naturaleza de la demanda como los valores que se deben utilizar para resolverla.

Aportación de: María Mirteya Rodríguez Gálvez, auxiliar de supervisión de Cuatitlan izcalli

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