Barlovento, barlovento,
Tierra ardiente y del tambor,
Tierra de las fulías y negras buenas,
Que llevan de fiesta
Su cintura prieta
Y al son de la curbeta
Y el taki-taki de la mina.
Sabroso que mueve el cuerpo
La barloventeña cuando camina,
Qué bueno que suena el takiti-taki-taki
Sobre la mina.
Que vengan los conunqueros
Para el baile de san juan,
Que la mina está templada para sonar
El tikita-tikitá, tikita-kita-tikitá.
Que vengan los conunqueros
Para el baile de san juan,
Que la mina está templada pa' terminar
El tikita-tikitá, tikita-kita-tikitá.
BAJO
EL PARADIGMA NEOCAPITALISTA, LA EDUCACIÓN SUPERIOR HA MARGINADO A LAS
HUMANIDADES Y RENEGADO DEL ESPÍRITU ORIGINAL DE LA ACADEMIA
El profesor Terry Eagleton ha hecho un diagnóstico de las instituciones de educación
superior en Gran Bretaña en el que considera que las
universidades están terminalmente enfermas, al menos si continúan abrazando un
modelo clientelar de enseñanza. El sistema británico es sin duda distinto a los
sistemas universitarios que se pueden encontrar en países latinoamericanos, sin
embargo la tendencia de concebir la educación como un negocio, de desplazar las
humanidades en favor de carreras técnicas y de fomentar el pensamiento
utilitario en detrimento del pensamiento crítico se puede observar de manera
global, por lo que podemos extrapolar en cierta medida el análisis de Eagleton
a nuestros países particulares, aunque seguramente habrá algunas excepciones.
Eagleton, escribiendo para Chronicle, se enfrasca en una
franca diatriba en contra del sistema universitario de su país, en el cual ha
servido y del cual ha obtenido beneficios económicos. Si bien hay que tomar con
un grano de sal su condena de "la muerte lenta de la Universidad",
también debemos reconocer sus credenciales, especialmente en defensa de las
humanidades, siendo profesor emérito de inglés y autor de decenas de libros. La
seriedad del diagnóstico puede parecernos exagerada, pero si recuperamos el
sentido original del mundo académico (la Academia que proviene de la escuela
fundada por Platón), no es del todo equivocado. Regresando al origen, la
filosofía platónica concibe que el fin de la educación es abrir el ojo
interior, o el ojo de la mente, una forma de percibir desde una profundidad
psíquica desarrollada a través de la vida filosófica. En La República,
Platón señala que "lo que la educación debería ser, es el arte de la
orientación" y que no se debe "implantar una visión" en la
mente, sino simplemente enseñar a ver puesto que, como los prisioneros en la
cueva, muchas veces ni siquiera hemos desarrollado un ojo (metáfora de la mente
o del alma) capaz de distinguir las sombras de la fuente de la luz. En otras
palabras, esta educación está basada en un principio práctico de enseñar a
pensar y no qué pensar, desarrollando la capacidad de percepción individual.
Esta es también la esencia del método socrático, en el que el individuo llega a
sus propias conclusiones ejercitando la dialéctica. De igual manera, siendo
fiel a la filosofía platónica, la educación idealmente no sólo cultiva la razón
del individuo, sino desarrolla su capacidad intuitiva, la cual es una forma
superior de conocimiento según Platon, permitiéndole acceder a la noesis.
Podemos ver este espíritu académico al servicio del alma humana, por ejemplo,
en Erasmo de Rotterdam y en el génesis mismo del Renacimiento, ligado al
surgimiento de las primeras universidades europeas y a la circulación de las
ideas de Platón y Aristóteles, entre otros filósofos.
Teniendo esto en mente,
analicemos el estado de las universidades, siguiendo el diagnóstico del doctor
Eagleton. El principal problema que detecta Eagleton es que las universidades
han sido cooptadas por el modelo económico neocapitalista, haciendo que su
operación y valores sean casi idénticos a los de una corporación. Teniendo un
puesto a nivel de dirección en Oxford, Eagleton señala que sintió la necesidad
de renunciar cuando descubrió que "esperaban que me comportara como un CEO
más que como un académico". Esto es seguramente una administración en
favor de los intereses políticos y económicos de la universidad y no en favor
de la cultivación de las mentes de los universitarios. Este modelo, nos dice el
profesor Eagleton, está siendo adoptado a lo largo del mundo anglosajón a
partir de Stanford y el MIT, universidades que han creado el modelo de la
universidad empresarial. La creciente "bizantina burocracia" de las
universidades cree que está manejando "General Motors"; y entonces
quizás podemos extender la metáfora automotriz a los estudiantes como
autómatas, corriendo mecánicamente con un solo programa básico: capitalizar
económicamente sus estudios.
La enorme cantidad de dinero que circula en las
universidades, permite que parafraseemos al escritor de ciencia ficción y fundador
de la cienciología, L. Ron Hubbard, quien famosamente dijo que si uno quería
hacerse millonario debía fundar una religión. Hoy en día si uno quiere hacerse
rico parece un buen plan de negocios fundar una universidad.
Eagleton nos dice que cuando "los profesores se
convierten en gerentes, los estudiantes se convierten en consumidores". La
regla de la administración de que "el cliente siempre tiene la razón"
reencarna en el mundo universitario en profesores que "fracasan si el estudiante
reprueba" y en cursos hechos a la medida para estudiantes que responden a
modas y caprichos intelectuales, por lo cual vemos cursos de "vampirismo
en vez de victorianismo, sexualidad en vez de Shelley, fanzines en vez de
Foucault, el mundo contemporáneo en vez del medieval". Perdemos entonces
también la memoria histórica, entendiendo que, regresando a Platón, aprender es
esencialmente recordar.
El modelo económico dominante está ligado a una
política tecnocrática, y por lo tanto las "humanidades son las que más
están siendo orilladas". Se distribuyen fondos y becas en las
universidades para la ciencia, la medicina y la ingeniería, pero "se ha
dejado de entregar recursos significativos a las artes. No es disparatado
cuestionarse si departamentos enteros de humanidades desaparecerán en los años
siguientes. Si los departamentos de inglés sobreviven, tal vez sea sólo para
enseñarles a los estudiantes de administración de empresas cómo usar el punto y
coma", dice irónicamente Eagleton (dando una pista de algo que también
podríamos perder, el humor crítico del humanista). En el Renacimiento tuvimos a
la Familia Medici, quienes se convirtieron en mecenas de artistas y filósofos,
especialmente bajo la influencia del gran filósofo neoplatónico Marsilio
Ficino, quien era llamado "doctor del alma". Aún no se había perdido
la noción de que el hombre tenía mucho que ganar --ganancias incuantificables,
capital espiritual-- cultivando el arte por el arte, embelleciendo su
existencia. Hoy las universidades se mueven bajo el paradigma de que es la
investigación científica la que genera dinero, "no los cursos en
expresionismo o la Reforma".
Al suprimir o marginar a las humanidades también
perdemos la esencia de la "universidad", el lugar en el que se
expande el conocimiento de lo particular a lo universal, lo cual sugiere un
amplio abanico, un encuentro de todos los mundos, una totalidad, y no sólo un
limitado espectro racionalizado y atomizado conforme a la utilidad y la
preponderancia económica. La palabra "universidad" pierde su sentido,
y por lo tanto cuando Eagleton ve la gradual muerte de la universidad no está
del todo equivocado; las instituciones educativas superiores siguen y seguirán
pero tal vez las universidades estén muriendo, porque "el espíritu"
original está dejando el cuerpo o el campus.
Quizás este desplazamiento de las humanidades tenga
también una agenda política más perversa o al menos una utilidad poco
mencionada. Puesto que, como nos dice Eagleton, el valor de las humanidades
yace en que "no se conforman a las nociones dominantes". Esto es
justo de lo que hablábamos con la referencia al origen platónico de la
academia: el pensamiento crítico, reflexivo e intuitivo que no se alinea con el
adoctrinamiento de la estructura de poder sin antes cuestionarlo.
Observando esta tendencia y colocándose un poco en la
mente de Eagleton uno piensa en la alegoría deAlphaville, la película de Godard no del todo lejana a
la cueva de Platón o a la posteriorThe Matrix.
Una tecnocracia en la que las humanidades están virtualmente extintas y las
personas no recuerdan ya su existencia lo suficiente para poder cuestionar la
realidad en la que viven. La película de Godard es hiperbólica, una
reimaginación de los estados totalitarios en un momento en el que Stalin y
Hitler estaban frescos en la conciencia; sin embargo, también es sensible a los
mecanismos de propaganda occidentales que utilizan la tecnología como
herramienta fundamental de programación de las masas, literalmente implantando
imágenes en nuestra mente y no enseñándola a discernir. Tal vez Eagleton
exagera, al igual que Godard, y las universidades y nuestra sociedad no están
en un curso decadente. Lo que preocupa, sin embargo, es que podamos llegar a un
punto en el que ya ni siquiera seamos capaces de percibirlo, y que como ente
social hayamos perdido la capacidad de ejercer un pensamiento crítico o que ese
mismo pensamiento crítico sea tan marginal que no tenga ningún peso e
influencia en las decisiones colectivas. Entre la marcha irrefrenable del
materialismo, del capitalismo y del progreso cientificista, con sus poderosas
máquinas siempre encendidas, es difícil escuchar y darle importancia a la voz
del arte y del alma humana.
La definición, llamada a suscitar una fuerte
polémica, es del reconocido pedagogo italiano Francesco Tonucci.
Pero si la escuela ya no tiene que enseñar, ¿cuál
es su misión? “Debe ser el lugar donde los chicos aprendan a manejar y usar
bien las nuevas tecnologías, donde se transmita un método de trabajo e
investigación científica, se fomente el conocimiento crítico y se aprenda a
cooperar y trabajar en equipo”, responde.
Para Tonucci, de 68 años, nacido en Fano y radicado
en Roma, el colegio no debe asumir un papel absorbente en la vida de los
chicos. Por eso discrepa de los que defienden el doble turno escolar.
“Necesitamos de los niños para salvar nuestros
colegios”, explica Tonucci, licenciado en Pedagogía en Milán, investigador,
dibujante y autor de Con ojos de niño, La ciudad
de los niños y Cuando los niños dicen ¡Basta!,
entre otros libros que han dejado huella en docentes y padres. Tonucci llegó a
la Argentina por 15a. vez, invitado por el gobernador de Santa Fe, Hermes
Binner, a quien definió como “un lujo de gobernante”.
Dialogó con LA NACION sobre lo que realmente
importa a la hora de formar a los más chicos y dejó varias lecciones, que
muchos maestros podrían anotar para poner en marcha a partir del próximo ciclo
escolar.
Propuso, en primer
lugar, que los maestros aprendan a escuchar lo que dicen los niños; que se
basen en el conocimiento que ellos traen de sus experiencias infantiles para
empezar a dar clase. “No hay que considerar a los adultos como propietarios de
la verdad que anuncian desde una tarima”, explicó.
Recomendó que “las escuelas sean bellas, con jardines, huertas
donde los chicos puedan jugar y pasear tranquilos; y no con patios enormes y
juegos uniformes que no sugieren nada más que descarga explosiva para niños
sobreexigidos”.
Y que los maestros no llenen de contenidos a sus estudiantes,
sino que escuchen lo que ellos ya saben, y que propongan métodos interesantes
para discutir el conocimiento que ellos traen de sus casas, de Internet, de los
documentales televisivos. “¡Que se acaben los deberes! Que la escuela sepa que
no tiene el derecho de ocupar toda la vida de los niños. Que se les dé el
tiempo para jugar. Y mucho”, es parte de su decálogo.
De
hablar pausado y de pensamiento agudo, Tonucci transmite la imagen de un padre,
un abuelo, un educador que aprendió a ver la vida desde la perspectiva de los
niños. Y recorre el mundo pidiendo a gritos a políticos y dirigentes que
respeten la voz de los más pequeños.
-¿Cómo
concibe usted una buena escuela?
-La escuela debe hacerse cargo de las bases
culturales de los chicos. Antes de ponerse a enseñar contenidos, debería
pensarse a sí misma como un lugar que ofrezca una propuesta rica: un espacio
placentero donde se escuche música en los recreos, que esté inundado de arte;
donde se les lean a los chicos durante quince minutos libros cultos para que
tomen contacto con la emoción de la lectura. Los niños no son sacos vacíos que
hay que “llenar” porque no saben nada. Los maestros deben valorar el
conocimiento, la historia familiar que cada pequeño de seis años trae consigo.
-¿Cómo
se deberían transmitir los conocimientos?
-En realidad, los conocimientos ya están en medio
de nosotros: en los documentales, en Internet, en los libros. El colegio debe
enseñar utilizando un método científico. No creo en la postura dogmática de la
maestra que tiene el saber y que lo transmite desde una tarima o un pizarrón
mientras los alumnos (los que no saben nada), anotan y escuchan mudos y
aburridos. El niño aprende a callarse y se calla toda la vida. Pierde
curiosidad y actitud crítica.
-¿Qué
recomienda?
-Me imagino aulas sin pupitres, con mesas alrededor
de las cuales se sientan todos: alumnos y docentes. Y donde todos juntos
apoyan, en el centro, sus conocimientos, que son contradictorios, se hacen
preguntas y avanzan en la búsqueda de la verdad. Que no es única ni inamovible.
-¿Cuál
es rol del maestro?
-El de un facilitador, un adulto que escuche y
proponga métodos y experiencias interesantes de aprendizaje. Generalmente los
pequeños no están acostumbrados a compartir sus opiniones, a decir lo que no
les gusta. Los docentes deberían tener una actitud de curiosidad frente a lo
que los alumnos saben y quieren. Les pediría a los maestros que invitaran a los
niños a llevar su mundo dentro del colegio, que les permitieran traer sus
canicas, sus animalitos, todo lo que hace a su vida infantil. Y que juntos salieran
a explorar el afuera.
-Varias
veces usted ha dicho que la escuela no se relaciona con la vida. ¿Por qué?
-Porque propone conocimientos inútiles que nada
tienen que ver con el mundo que rodea al niño. Y con razón éstos se aburren.
Hoy no es necesario estudiar historia de los antepasados, sino la actual. Hay
que pedirles a los alumnos que se conecten con su microhistoria familiar, la
historia de su barrio. Que traigan el periódico al aula y se estudie sobre la
base de cuestiones que tienen que ver con el aquí y ahora. Esto los ayudará a
interesarse luego por culturas más lejanas y entrar en contacto con ellas.
-¿Cómo
se puede motivar a los alumnos frente a los atractivos avances de la
tecnología: el chat, el teléfono celular, los juegos de la computadora, el
iPod, la play station?
-El colegio no debe competir con instrumentos mucho
más ricos y capaces. No debe pensar que su papel es enseñar cosas. Esto lo hace
mejor la TV o Internet. La escuela debe ser el lugar donde se aprenda a manejar
y utilizar bien esta tecnología, donde se trasmita un método de trabajo e
investigación científica, se fomente el conocimiento crítico y se aprenda a
cooperar y trabajar en equipo.
-¿Es
positiva la doble escolaridad?
– En Italia llamamos a este fenómeno
“escuelas de tiempo pleno”. La pregunta que me surge es: ¿pleno de qué? Esta es
la cuestión. La escuela está asumiendo un papel demasiado absorbente en la vida
de los niños. No debe invadir todo su tiempo. La tarea escolar, por ejemplo, no
tiene ningún valor pedagógico. No sirve ni para profundizar ni para recuperar
conocimientos. Hay que darles tiempo a los niños. La Convención de los Derechos
del Niño les reconoce a ellos dos derechos: a instruirse y a jugar. Deberíamos
defender el derecho al juego hasta considerarlo un deber.
Este contenido ha sido publicado originalmente por La Nación en la
siguiente dirección: lanacion.com.ar
Discutir es una de las
actividades más propias de nuestra civilización. Durante al menos 2 mil años
–pero probablemente más– el ser humano ha pasado buena parte de su tiempo
discutiendo sobre las más diversas materias, en distintos niveles de
complejidad, siempre como una forma de intercambiar ideas u opiniones y, a
veces, con la intención de llegar a la verdad sobre determinado asunto.
Pero como toda actividad humana, la discusión no ha
seguido nunca una línea recta. Dicho de otro modo: una discusión sigue muchas
veces el camino que los propios involucrados ya tienen en mente cuando la
inician. Como observó Platón, entre los sofistas, por ejemplo, discutir puede
ser también una forma de engañar. Por experiencia sabemos que hay quienes sólo
buscan imponer su punto de vista, sin escuchar el de otros. También hay
discusiones estériles, en las que por distintas razones es imposible alcanzar
el propósito de ponerse de acuerdo.
A propósito del tema, en esta ocasión compartimos un
breve apunte de la escritora e intelectual Susan Sontag sobre cómo refutar
cualquier argumento. La anotación proviene de losDiariosde
Sontag, de una entrada hecha el 16 de septiembre de 1965 durante un viaje que
la escritora realizó a París. El comentario a cada una de esas estrategias es
nuestro.
Encuentra la inconsistencia
Uno de los errores más elementales al plantear un
argumento es que éste tenga una falla lógica. Puede ser que a partir de nuestra
experiencia personal derivemos una conclusión general, o que invoquemos a una
autoridad en la materia para validar nuestra opinión; también se da el caso de
que sostengamos una afirmación sin contar con los datos suficientes para
hacerlo… La falacia puede tomar muchas formas, pero puede decirse que todas
adolecen de lo mismo: una inconsistencia entre la causa y la consecuencia,
entre la premisa y la conclusión, lo que se plantea y lo que se deriva a partir
de esto –el conocidonon sequiturde la lógica formal.
Ejemplo:en redes sociales
abundan las discusiones en que una persona desestima un hecho porque a ella no
le sucede; así, por ejemplo, en una discusión sobre los efectos terapéuticos de
la marihuana, alguien puede negarlos porque, en su experiencia, la marihuana
sólo provoca “malviajes” y depresión. A esa persona cabría preguntarle si no ha
considerado que el mundo es mucho más vasto que su punto de vista, y que su
percepción sobre un hecho no es necesariamente la de todos en el planeta.
Encuentra el contraargumento
Al menos en teoría, toda proposición tiene su
contraproposición, y para toda idea es posible encontrar otra que la refuta.
Ese, en buena medida, ha sido el espíritu del pensamiento occidental, el
péndulo oscilante de la afirmación y la negación.
Ejemplo: en una discusión sobre la necesidad de
incluir carne en nuestra dieta por razones evolutivas, se puede contra argumentar
que en nuestra época dicho requerimiento fisiológico puede suplirse por otros
medios, pues hemos desarrollado la tecnología nutricional para poder hacerlo.
Encuentra un contexto más amplio
Esta es una de las fallas más comunes en la
proposición de argumentos, en la medida en que no es sencillo tener el
conocimiento necesario para considerar determinado asunto en su contexto cabal.
En cierto sentido es imposible, pues quién podría señalartodoslos
factores que intervienen en determinada situación. Al discutir, sin embargo,
intentar ver el panorama amplio es una buena estrategia no para “ganar” una
discusión, sino para entender mejor el problema sobre el cual se discute.
Ejemplo:en una discusión sobre
el triunfo electoral de Donald Trump, es importante señalar el efecto de la
globalización y el manejo neoliberal de la economía sobre la calidad de vida de
las clases medias de Estados Unidos, dos factores que entre dicha población se
identificaron en este proceso con los gobiernos demócratas de Barack Obama y Bill
Clinton.
Adenda
Sin duda losDiálogosde Platón son una de las mejores
formas de conocer los meandros de la argumentación y la discusión. Como el
explorador o el antropólogo que se acerca a una civilización desconocida,
también un lector puede aproximarse así a losDiálogos,
con una mezcla de escepticismo y asombro, pero sobre todo con toda la atención
puesta en la capacidad de observar. Como un prestidigitador del pensamiento,
Platón traza líneas argumentativas en las que si bien pueden encontrarse
ciertas fallas, al final terminan por ser profundamente convincentes.Gorgias,FedónyTimeopueden ser tres buenas formas de
entrar a ese mundo.
El lingüista Noam Chomsky elaboró la lista de las “10 Estrategias
de Manipulación” a través de los medios.(1)
1. La estrategia de la
distracción.El elemento
primordial del control social es la estrategia de la distracción que
consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y
de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante
la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de
informacionesinsignificantes. Laestrategia de la distracción es
igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los
conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía,
la psicología, la neurobiología y la cibernética. ”Mantener la Atención
del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales,
cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado,
sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros
animales (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.
2. Crear problemas y después
ofrecer soluciones.Este método también
es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una
“situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de
que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por
ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana,
u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el
demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad.
O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal
necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de
los servicios públicos.
3. La estrategia de la
gradualidad.Para hacer que se
acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a
cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones
socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron
impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo,
privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios
que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran
provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.
4. La estrategia de diferir.Otra manera de hacer
aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y
necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una
aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un
sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado
inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la
tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el
sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público
para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación
cuando llegue el momento.
5. Dirigirse al público como
criaturas de poca edad.La mayoría de la
publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos,
personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos
a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un
deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador,
más se tiende a adoptar un tono infantilizante. Por qué? “Si uno se dirige
a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces,
en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a
una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la
de una persona de 12 años o menos de edad (ver “Armas silenciosas para guerras
tranquilas”)”.
6. Utilizar el aspecto
emocional mucho más que la reflexión.Hacer uso del
aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en
el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos.
Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la
puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos,
miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…
7. Mantener al público en la
ignorancia y la mediocridad.Hacer que el público
sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su
control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las
clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de
forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases
inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposible de
alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras
tranquilas)”.
8. Estimular al público a ser
complaciente con la mediocridad.Promover al público
a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar, e inculto…
9. Reforzar la
autoculpabilidad.Hacer creer al
individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por
causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus
esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo
se auto desvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de
cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay
revolución!
10. Conocer a los individuos
mejor de lo que ellos mismos se conocen.En el transcurso de
los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una
creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídos y
utilizados por las élites dominantes. Gracias a la biología, la
neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un
conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física
como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo
común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría
de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los
individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.
(1) Según Wikipedia:Chomsky, en cambio, no es el
autor de “las 10 estrategias de manipulación mediática”, texto que se ha convertido
en un fenómeno viral en Internet. El verdadero autor es el francés Sylvain
Timsit. El documento fue publicado por primera vez en francés, en el año 2002,
con el título original “Stratégies de manipulation”, en la websyti.net. El copyright del texto es de
esa fecha y de dicho lugar y el texto todavía se encuentra en el sitio web de
origen. El origen de la falsa atribución a Chomsky, estaría en el error que en
su día cometió la agencia Pressenza, según ha manifestado Timsit.
Letra de la canción: Chuchuwá, Chuchuwá, Chuchuwá wá wá Chuchuwá, Chuchuwá, Chuchuwá wá wá
¡Compañía! Brazo extendido / Puño cerrado / Dedo hacia arriba / Hombros en alto / Cabeza hacia atrás / Culete hacia atrás / Pies de pingüino / Lengua afuera
Letra de
la canción: Saco una manita, la hago bailar La cierro, la abro y la vuelvo a guardar Saco la otra mano, la hago bailar La cierro, la abro y la vuelvo a guardar Saco las dos manos, las hago bailar Las cierro, las abro y las vuelvo a guardar A mis manos, a mis manos yo las muevo Y las paseo y las paseo A mis manos, a mis manos yo las muevo Y las paseo haciendo así Haciendo ruido y poco ruido Golpeamos los pies, las manos también Y haciendo ruido y mucho ruido Golpeamos los pies, las manos también Y había una vez una mano Que subía, bajaba y subía Que si estaba contenta bailaba Y si estaba triste se escondía Había una vez otra mano Que sacudía, sacudía y sacudía Que si estaba contenta bailaba Y si estaba triste se escondía Había una vez dos manos Que aplaudían, aplaudían y aplaudían Que si estaban contentas bailaban Y si estaban tristes se escondían Pongo una mano aquí Pongo una mano allá Sacudo, sacudo, sacudo Y ahora bailo el chachachá Pongo otra mano aquí Pongo otra mano allá Sacudo, sacudo, sacudo Y ahora bailo el chachachá Pongo mi cabeza aquí Pongo mi cabeza allá Sacudo, sacudo, sacudo Y ahora bailo el chachachá ¡Chachachá!
Letra canción: Eees Supercalifragilisticoespialidoso Aunque suene extravagante, ¡raro y espantoso! Si lo dice con soltura sonará harmonioso ¡Supercalifragilisticoespialidoso! Dan dilidili dandiliday, dan dilidili dan diliday Dan dilidili dan diliday, dan dilidili dan diliday De niño yo me acostumbré a tartamudear Mi padre mi nariz torció para enseñarme a hablar Hasta que un día yo escuché, cuando era ya mayor La frase con más letras, la palabra más atroz ESTRIBILLO El mundo ha recorrido él y donde fue una vez Su extraña frase les soltó y supo convencer Un duque y un gran marajá a quienes suelo ver Ayer mi frase al escuchar me honraron con un té ESTRIBILLO